2º Domingo del Tiempo Ordinario

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

bodas de Caná

La autorevelación de Jesús en las Bodas de Caná. Y la Madre de Jesús estaba allí: ¡Haced lo que Él os diga!

Jesús comienza sus signos, manifiesta su gloria y crece la fe de sus discípulos en Él.

Después de la manifestación a los pastores, a los magos, viene su tercera manifestación, en Caná de Galilea:

El vino nuevo de la verdadera alegría (San Máximo de Turín (?-c 420), obispo)

El Señor, está escrito, fue a la boda donde había sido invitado. El Hijo de Dios pues fue a esta boda para santificar con su presencia el matrimonio que ya había sido instituido. Fue a una boda de la antigua ley para escogerse en el pueblo pagano una esposa que permanecería siempre virgen. Él que no nació de un matrimonio humano fue a la boda. Fue allá no para participar en un banquete festivo, sino para revelarse por un prodigio verdaderamente admirable. Fue allá no para beber vino, sino para darlo. Porque, tan pronto como los invitados se quedaron sin vino, la bienaventurada María le dijo: “no tienen vino“.

Jesús, aparentemente contrariado, le respondió: ” ¿mujer, qué nos va a ti y a mi?”… Respondiendo: ” mi hora todavía no ha llegado “, anunciaba ciertamente la hora gloriosa de su Pasión, o bien el vino difundido para la salvación y la vida de todos. Maria pedía un favor temporal, mientras que Cristo preparaba una alegría eterna.

Sin embargo el Señor en su bondad, no vaciló en conceder estas pequeñas cosas hasta que vengan las grandes. La bienaventurada María, porque verdaderamente era la madre del Señor, veía por el pensamiento lo que iba a llegar y conocía por anticipado la voluntad del Señor.

Por eso se encargó de advertir a los servidores con estas palabras: ” haced lo que él os diga“. Su santa madre sabía ciertamente que la palabra de reproche de su hijo y Señor no escondía el resentimiento de un hombre enfurecido sino contenía un misterio de compasión… Y de repente el agua comenzó a recibir la fuerza, a cambiar el color, a difundir un buen olor, a adquirir gusto, y al mismo tiempo a cambiar totalmente de naturaleza. Y esta transformación del agua en otra sustancia manifestó la presencia del Creador, porque nadie, excepto el que creó el agua de nada, puede transformarla en otra cosa.

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