Adviento – Navidad 2012: Consumo, familia y fe. Se armó el Belén.

Adviento – Navidad 2012

Consumo, familia y fe.

Se armó el Belén.

Un año más tenemos la gracia de poder celebrar la Navidad, una fiesta que es especialmente entrañable por muchos motivos, aunque también es verdad que, posiblemente, andemos un poco despistados a la hora de saber bien lo que celebramos y lo que es esencial a la Navidad.
 
Es frecuente oír decir a muchas personas que no les gusta la Navidad o que ellos no la pueden celebrar. Los motivos son dos: uno, que no pueden o no están dispuestas a gastar dinero en las típicas compras de estas fechas; el otro, que están solas o lejos de la familia o los seres más queridos ya han pasado a la Casa del Padre y, que así, mejor no celebrar nada porque sin la familia y sin los que quieres no hay ánimo para hacer fiesta.
 
En los últimos años la Navidad se ha convertido en una fiesta eminentemente comercial. Desde dos meses antes nos abren delante de los ojos un amplio abanico de productos para consumir. Alumbrado ornamental, anuncios en televisión, escaparates demasiado atractivos que nos estimulan a comprar algo para nosotros o para hacer un regalo a las personas que apreciamos de verdad o a las que queremos agradecer algo de forma especial.
 
También, desde siempre, el juntarse con la familia durante estos días es algo muy tradicional. Con la familia siempre se está bien, y en las noches largas de invierno parece que apetece especialmente estar con aquellos que te quieren de forma incondicional y que pase lo que pase siempre están ahí. Por eso son fechas para estar con la familia y lo que estamos más o menos lejos volvemos a casa por Navidad, como decía aquel famoso y entrañable anuncio de televisión de hace años.
 
Y hasta aquí todo lo dicho es importante, pero no es lo más importante, ni lo esencial de la Navidad. Si fuera así el que no tuviera dinero o el que no “tuviera familia” no podría celebrar la Navidad.
 
El origen y el sentido de la Navidad está en el mismo Dios. No podría ser de otra forma. Así, sean cuales sean las circunstancias personales o económicas siempre podremos celebrar la Navidad. Porque lo que celebramos es algo infinitamente grande. Celebramos que Dios se hizo hombre, que tomó nuestra condición para que los humanos podamos participar de su misma naturaleza divina. Dicho en otras palabras, Dios nace para que nosotros podamos ser un día “pequeñitos dioses”.
 
Un peligro en el que caemos los cristianos con mucha frecuencia es el de perder el sentido de lo esencial y poner en su lugar lo accidental. Lo secundario tiene importancia cuando lo esencial está ocupando el puesto que le corresponde. Si no es así estamos perdiendo el tiempo y haciendo cosas absurdas que no tienen otra utilidad que la de hacer algo distinto en una determinada época del año, quizás porque no tenemos nada mejor en qué ocuparnos, pero sin sentido ninguno.
 
Celebrar el nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, es celebrar el comienzo de nuestra salvación. Si lo podemos celebrar con gestos de cariño y de amistad expresados en regalos y en cenas familiares hacia los demás mejor, pero si no es así tampoco pasa nada, pues el amor de Dios hacia nosotros siempre va a ser el mismo, y esto es lo que de verdad importa y lo es lo que tratamos de celebrar.
 
Por si fuera poco, va el Papa y nos dice en su último libro que en los evangelios nada se dice del buey y la mula (o sea, que podrían estar no estar). Para mucha gente el escándalo y la desilusión está servida. Es la prueba de lo poco que nos fijamos en la Sagrada Escritura y de lo poco o nada que hacemos por formarnos sólidamente en la vivencia de nuestra fe. ¡Tantos años escuchando los relatos del nacimiento de Jesús y casi nadie se fijó en este detalle!, que en los evangelios nada se dice de tales animalitos. Una vez más lo secundario ocupó el lugar de lo esencial y todos tan tranquilos….
 
Necesitamos pensar, reflexionar, hacer que las cosas tengan sentido y no sean, por lo menos, algo absurdo para nuestra limitada inteligencia.
 
Celebremos la Navidad de la mejor forma posible pero sin perder lo esencial: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, todo un Dios que nos quiere tanto que se hace uno como nosotros para que todos tengamos vida eterna. Esto es lo importante de verdad, lo otro sólo ayudas más o menos acertadas.
 
Tenemos por delante 4 semanas, el Adviento, para prepararnos para este gran acontecimiento. Dios viene a vernos, preparemos nuestra casa para acogerlo.
 
Feliz Adviento.
 
Lugo, 2 de diciembre de 2012.
Miguel Ángel Álvarez Pérez
Párroco de San Froilán – Lugo
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